domingo, 18 de abril de 2010

La riqueza no sólo se transforma. También se crea y se destruye.

Por el proceder de gobiernos y sociedades actuales, pudiera parecer que la cantidad de riqueza total existente en un ámbito geográfico es constante, y que lo único que se puede hacer, es proceder a un reparto equitativo y justo del pastel.

En esto parecen consistir todas las recetas socialdemócratas que se pretenden aplicar contra la crisis. “Estilo Robin Hood”, ¡quitémosle a los que más tienen, para dárselo a los que más lo necesitan!, ¡que cada cual produzca según sus posibilidades, y reciba según sus necesidades!. Todo esto estaría muy bien, si se cumpliera la premisa de partida: la riqueza es constante.

Pero esto no es así. Está ampliamente descrito en la literatura económica, que la acumulación de capital, produce más riqueza. Entiéndase capital en el sentido más amplio del término, incluyendo formación del capital humano. También está descrito cómo los agentes económicos se mueven para maximizar la utilidad de aquellos bienes (también entendidos en el sentido más amplio) que son capaces de conseguir, dados los recursos de los que disponen.

Son los emprendedores, los que en su afán por conseguir más riqueza, la crean y son capaces de distribuirla entre la sociedad. De hecho, todo ser humano lleva en sí a un emprendedor en potencia, si se dan las circunstancias adecuadas.

¿Cómo se crea la riqueza? Dando más valor mediante la transformación de aquellos bienes y servicios que constituyen la materia prima de las empresas, produciendo un resultado más valioso (con mayor valor añadido, como gustan de decir los economistas).

¿Cómo distribuyen esa riqueza? Mediante el retorno a sus accionistas, mediante los sueldos y salarios pagados, mediante los pagos a los proveedores, y mediante el pago de impuestos.

Cuando se aplica una política redistributiva en exceso se producen los siguientes resultados.
- Por una parte, los más desfavorecidos no obtienen ningún estímulo para superar su situación personal y mejorar su vida y la de los demás. Ejemplo: si el subsidio de desempleo es demasiado amplio, el trabajador en paro recibe poco estímulo para apresurar su búsqueda de empleo; económicamente es preferible cobrar sin trabajar, si la diferencia entre lo percibido por el subsidio y lo que percibiría trabajando es muy pequeña.
- Por otra parte, los que trabajan, o emprenden, si se da la circunstancia de que lo retenido por el estado se acerca a límites confiscatorios, tendrán un estímulo muy grande para dejar de trabajar y pasar a pertenecer al pelotón de los subsidiados.

Estos comportamientos descritos, no son en ningún caso antieconómicos, sino profundamente económicos. Los agentes económicos, actúan según los estímulos recibidos del exterior, y de manera que consigan lo mejor para ellos mismos.

El problema más grave es que esta situación provoca una disminución de la riqueza total de la sociedad. En conjunto la sociedad será cada vez más pobre, ya que la gente dispuesta a trabajar y emprender, y por tanto a generar riqueza será cada vez menor, y no olvidemos un hecho fundamental. El estado no crea riqueza. Se trata únicamente del agente redistribuidor, y en muchos casos del agente despilfarrador.

Publicado en www.a1h3.com el 21/09/2009

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